Fernando Valdivia: ¡Te hubieras ido antes!

El último viernes, Fabiola Caballero Sifuentes presentó su renuncia como viceministra de Transportes, acusando al titular del sector, Juan Francisco Silva Vallejos, de “copamiento laboral de ciudadanos que no reúnen los méritos y las capacidades requeridas para garantizar la eficiencia de la gestión que se les encomienda en posiciones clave”


<strong><span class="has-inline-color has-black-color">Fernando Valdivia Correa</span></strong>
Fernando Valdivia Correa

Abogado con amplia experiencia en gestión pública gubernamental. Columna: Verdades incómodas.

 

El último viernes, Fabiola Caballero Sifuentes presentó su renuncia como viceministra de Transportes, acusando al titular del sector, Juan Francisco Silva Vallejos, de “copamiento laboral de ciudadanos que no reúnen los méritos y las capacidades requeridas para garantizar la eficiencia de la gestión que se les encomienda en posiciones clave”. Días atrás, precisamente el 7 de febrero, Gilmar Andía renunció irrevocablemente al cargo de viceministro de Justicia. En ambos casos, el ahora presidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres Vásquez (en aquel momento jefe de Andía), minimizó la salida de ambos funcionarios, respondiendo a modo de pregunta “¿por qué no renunció antes?, ¿por qué renuncia ahora?”. Algo así como “te hubieras ido antes”.

Más allá de las formas en que estas personas (y otras más como Mirtha Vásquez en la PCM) optaron por retirarse (tirando la puerta lo cual -digámoslo claro- es cuestionable), lo cierto es que este inestable gobierno adolece de cuadros, empezando para los puestos claves (confianza o de dirección). Por un lado, como es evidente, personal sin mayor preparación académica (perfil para el puesto), que incluye experiencia laboral, ser profesional (o técnico, según el caso), contar con cursos de capacitación (seminarios, conferencias), etc. Y, de otro, que estas se encuentren involucradas con la gestión; es decir, que asuman un compromiso institucional. El “no morder la mano que dio de comer”. Esto no quiere decir que el funcionario público deba convertirse en un “chicheñó” a cada ocurrencia del jefe inmediato. Por el contrario, de existir cuestionamiento a uno o más temas, los mismos deben ser solucionados internamente. Si no existe solución y el superior insiste obcecadamente propiciando el quebrantamiento de la ley, simplemente se da un paso al costado, pero… EN SILENCIO.

A todo esto ¿quién los escoge?; vale decir, si existe copamiento es porque alguien lo permite. Y ello pasa por el conocimiento expreso de la máxima autoridad del pliego: el/la ministro. Nuevamente la interrogante es ¿quién escoge a este último? Sí, pues, arribamos a lo mismo: Pedro Castillo Terrones. Es pues, un círculo vicioso de nunca acabar. Y así pasaremos los próximos cuatro años y fracción, o lo que le reste de mandato.

Para brindar tan solo un ejemplo de la falta de preparación del propio jefe de Estado, está la respuesta que brindó el pasado lunes a los hombres de prensa cuando le preguntaron sobre la doble versión que dio respecto a que si conoció (o no) a la lobista Karelim López. Lejos de atender, el mandatario declaró que “la prensa es un chiste”. Esta frase grafica lo que para el profesor significa su propio gobierno: un chiste, grosero por demás decirlo. De esas bromas pesadas que resultan irreproducibles por su contenido tóxico. Y Castillo lo ha hecho, o mejor dicho ha vuelto a hacerlo. Lo curioso es que ya cierto sector de la población, medios de comunicación y personajes políticos se han acostumbrado a las continuas sandeces del mandatario. Y si bien no parecen celebrarlo, cuanto menos son tolerantes. Aunque, como para todo en la vida, hay un límite.

Más temprano que tarde, aquellos, sea en el entorno palaciego o fuera de él, que siguen rindiéndole pleitesía terminarán dándole la espalda y ahí repetirán al unísono: ¡te hubieras ido antes!  

 

 

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