Dante Bobadilla: Gobierno de ineptos

 

Pedro Castillo ya debería aparecer en el libro de récords Guinness al haber ocasionado un desastre nacional en menos tiempo que cualquier otro presidente.


<strong><span class="has-inline-color has-black-color">Dante Bobadilla</span></strong>
Dante Bobadilla

Escritor.

 

Pedro Castillo ya debería aparecer en el libro de récords Guinness al haber ocasionado un desastre nacional en menos tiempo  que  cualquier  otro  presidente.  El despelote ocasionado por la falta de pasaportes, sumado al caos generado por el toque de queda de un día, grafica perfectamente el grado de ineptitud de este Gobierno.

Pero, en verdad, nadie debería sentirse sorprendido. Esto es lo que son los gobiernos de izquierda: una pandilla de sujetos delirantes  que  se creen los únicos dueños de la verdad, los auténticos representantes del pueblo y están dispuestos a  cambiarlo  todo  sin  saber nada de nada, basados únicamente en sus traumas, mitos y consignas. Son otra  especie  de  enviados  de  Dios  que  creen  tener  la misión de salvar al pueblo y conducirlos al paraíso. Actúan  como  una  secta cerrada  mirando  a  los  demás  como  enemigos del pueblo. Tal es el origen de sus instintos totalitarios y sectarios. Necesitan controlar todo el poder para llevar a cabo sus deseos.

La izquierda ha reemplazado la realidad por sus mitos. Lejos de entender el mundo y los resortes de la economía que mueven a los países, prefieren creer en sus dogmas y combatir a sus demonios. De allí su constante prédica contra los monopolios, oligopolios y contra todas las empresas en general, a las que ven como instrumentos de abuso y explotación, cuando en verdad son la mejor expresión de inteligencia y esfuerzo que pueden generarse en  cualquier  sociedad  libre. Son las   empresas   las  que  producen  riqueza,  dan  empleo,  pagan  impuestos, producen  tecnología,  dinamizan  la  economía  de pueblos enteros y sirven como centros de aprendizaje y capacitación en temas realmente importantes para el desarrollo.

Sin  embargo,  el  gobierno  de  Pedro Castillo ha sido acusado por la misma izquierda de no ser un gobierno de izquierda. Principalmente porque no ha implementado las medidas que figuran en el recetario de la izquierda. Y no puede hacerlo porque se lo impide la Constitución. Como, por ejemplo, controlar los precios o crear empresas estatales  que  compitan  en  el  mercado  con  los privados, confiscar  o  cerrar  los  medios  de  comunicación incómodos para el régimen, etc. Por ahora, la Constitución nos protege de los desvaríos de la izquierda. Esa es la razón principal por la que buscan una nueva Constitución: quieren las manos libres para copar todos los poderes y hacer con el país lo que les venga en gana.

Pero  no  nos  dejemos engañar. Este es un Gobierno plenamente de izquierdas. En primer lugar, porque no han movido un dedo para promover la inversión privada ni para defender a las empresas mineras, constantemente paralizadas,   amenazadas   y   boicoteadas   por   comunidades   campesinas   convertidas  en  verdaderas organizaciones mafiosas dedicadas al chantaje y la extorsión. Antes peor, la exministra Mirtha Vásquez firmaba acuerdos con estas comunidades cediendo a todos sus reclamos sin reservas, sin buscar sanción contra los revoltosos que incendiaron campamentos o las sitiaron por semanas.

Otro   rasgo   que  hace   de  izquierdas   a  este  Gobierno  es  su  complacencia y complicidad con las nefastas dictaduras latinoamericanas como las de Cuba, Venezuela y Nicaragua, así como el uniforme “bolivariano” que  luce  Pedro  Castillo  en  sus  presentaciones,  emulando  al  “hermano  Evo  Morales”.  Este alineamiento político internacional pudo incluso ser peor desde que nombraron canciller a un sujeto tan esperpéntico como el exguerrillero Héctor Béjar.

Tampoco podemos negar que el único interés mostrado por este régimen hasta ahora ha sido el copamiento de las instituciones con sus partidarios, aunque ninguno tenga el perfil adecuado para el cargo. A la izquierda no le interesan los méritos, sino la lealtad del designado. Están empeñados en copar todo el tablero del Estado con sus fichas. Salvo el poder, todo es ilusión, reza su lema. Y, en efecto, solo les interesa el poder y sin escrúpulos.

Tampoco se le puede negar a Pedro Castillo sus rasgos de típico izquierdista del montón. Es un apasionado por los discursos de plazuela donde da rienda suelta a toda su charlatanería, sin medir el tamaño de sus promesas ni el  alcance  de  sus  palabras.  Justamente  fue  su  verbo  desenfrenado,  aderezado  con  los  típicos lugares comunes de la retórica izquierdista, lo que inflamó la sensibilidad de los protestantes del centro, por lo que luego tuvo que pedir perdón.

Por último, basta ver el estado de deterioro en que se encuentra el país, bajando peldaño a peldaño en los rankings mundiales de competitividad y con su imagen cada vez más mellada, para verificar que estamos en manos de un clásico gobierno de izquierda latinoamericano, orientado al discurso, el lema, la farsa populista, las leyes vaporosas y el gesto fútil. Lo único que jamás podrá emular Pedro Castillo a los demás charlatanes de la izquierda sudaca es la comparecencia ante a los medios, dado su escaso nivel mental que le impide dar respuestas coherentes. Por lo demás, estamos en un auténtico gobierno de izquierda

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