Dante Bobadilla: El rojerío intocable

Esta semana hemos asistido a un nuevo episodio de la serie progresista nacional Con mi roja no te metas, en que el izquierdismo volvió a sacar brillo a su ya legendaria hipocresía y doble moral, reavivando su espíritu de cuerpo tribal y sectario.

<strong><span class="has-inline-color has-black-color">Dante Bobadilla</span></strong>
Dante Bobadilla

Escritor.

Todo empezó con un jocoso comentario casual de Christian Hudtwalcker, quien, con su peculiar estilo desenfadado, se dirigió a la premier Mirtha Vásquez, instándola a tomar decisiones sobre el ministro del Interior, el cuestionado y prontuariado Luis Barranzuela, para lo cual empleó esta frase en inglés: «Decision, baby». Sin embargo, lo que terminó por inflamar las hemorroides del rojerío fue que se burlara de «su peinadito de Cleopatra, su cerquillo con laceado brasileño». Eso fue suficiente para que salieran en tropel los troles de izquierda a ajusticiar al atrevido.

Ninguna persona normal prestaría mayor atención a tales comentarios, pero no es el caso de nuestros progresistas, tan sensibles cuando se trata de sus damas de izquierda. Ellos pueden burlarse de las mujeres de derecha, especialmente de las fujimoristas, haciendo alusión a su raza, contextura, religión, formación y opiniones, mediante caricaturas ofensivas y hasta repulsivas (como las de Carlín), sátiras de mal gusto (como las de Rafo León), columnas insidiosas (como las de Claudia Cisneros), memes, etc. Pero ¡ay del que ose decir algo sobre una izquierdista! Ni siquiera de su peinado.

Ya cuentan con una ridícula ley contra el acoso político a la mujer (de izquierdas, por supuesto), la cual acaba de ser invocada por Marissa Glave, en un lloroso artículo en el que recurre a los típicos artilugios retóricos del progresismo, intelectualizando lo banal y complejizando lo trivial, para exigir que se apure el reglamento de esa ley para castigar a los atrevidos que critican a las mujeres de izquierda. Acusa a Christian Hudtwalcker de ejercer su violencia machista para disciplinar a una mujer, obligándola a cumplir el rol asignado por la sociedad: servir a los intereses del patriarcado. Ni más ni menos. Y pregunta con acuciosidad fiscal: «¿Le ha dicho el señor Hudtwalcker “baby” a algún hombre a cargo de la PCM?».

¡Madre mía! Todo eso, por reírse de un cerquillo. Mientras tanto, la jauría de enardecidos tuiteritos que se dedicaron a insultar a Christian Hudtwalcker estaba en el mismo nivel que la horda de zombis que sitiaron la casa de Beto Ortiz, luego de que este dijera que en las marchas siempre mueren los Bryan y nunca los pituprogres que las convocan desde sus redes sociales, cómodamente instalados en Madrid o Londres. Rodearon la casa de Beto, indignados porque él se mofó del «valor» que se requiere para marchar contra el «dictador» Merino en plena democracia, custodiados por las oenegés, la prensa, los congresistas y la Defensoría.

Y, una vez más, estos valerosos defensores de la moral de izquierdas exigieron a la emisora Exitosa que le cancele el programa a Christian Hudtwalcker, porque en este país solo los progres pueden acosar a su regalado antojo a las mujeres de derecha y hacerles la vida imposible a personajes incómodos para ellos, como Keiko, Carla García o Vania Thais, sin que nadie invoque una ley ni pida un castigo, porque en la derecha no se esconden detrás de los privilegios mal habidos de un grupito victimizado, ni exigen la cancelación de un medio.

Para nadie es una novedad ver a la izquierda atentando contra las libertades. Han normalizado las marchas fascistas de odio, el sicariato mediático contra los políticos y funcionarios ajenos a la mafia caviar, la utilización política de la Sunat y otros organismos para acosar a las empresas que apoyan partidos o medios incómodos a los intereses de la izquierda, han travestido el golpe de Estado en una defensa de la democracia, ya sea cerrando el Congreso o soltando vándalos en las calles. Han puesto en la mira a Erasmo Wong, por permitir que exista Willax, con periodistas incómodos para el progresismo, pero nadie toca a Gustavo Mohme Seminario, que mantiene La República con fachada de diario, pero con oficio de gaceta roja, dedicada al descarado activismo político izquierdista, cobijando a cuanto rojo existe en este país.

¿Qué pasará cuando la ridícula ley contra el acoso político a la mujer roja esté vigente? ¿Cuántos críticos de santísimas vírgenes de izquierda desfilaremos por la Fiscalía y acabaremos presos? Una ley, dicho sea de paso, aprobada con el beneplácito de la derecha siempre cobarde y timorata, que viene a sumarse a la barbarie legislativa impuesta por el feminismo izquierdista en los últimos años, desde el feminicidio y las cuotas para mujeres hasta la paridad y la alternancia. Y viene mucho más. Solo esperen. Ya saben que la derecha es cobarde y siempre acaban apoyando esta clase de leyes.

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