Aaron Salomón: Que se largue Castillo, pero que el remedio no sea peor que la enfermedad

 

<strong><span class="has-inline-color has-black-color">Aarón Salomón</span></strong>
Aaron Salomón

Periodista Columna: Sin anestesia. Ciudad: Lima – Perú

 

Está meridianamente claro que la permanencia del inimputable Pedro Castillo en Palacio de Gobierno es insostenible. Ha demostrado con creces que es un incapaz en todos los sentidos, por lo que su salida debería ocurrir pronto. Sin embargo, me genera preocupación ciertas alternativas planteadas para expectorarlo, pues estas lindan con lo inconstitucional. También es peligroso que se consiga sacar solamente a Castillo y no a Dina Boluarte, dado que ella es más belicosa -y acomodaticia- y no tendría reparo alguno en cerrar el Congreso a través de la presentación de cuestiones de confianza. Podría interponer esta medida, por ejemplo, para evitar que se censure a algún ministro de Estado hasta poner con la soga al cuello a la representación nacional.

En torno a las leguleyadas arriesgadas, algunos indican que se podría reducir el número de votos requeridos (87 adhesiones) para conseguir la vacancia por incapacidad moral del profesor rural. Ello, no obstante, podría pasar factura cuando la Presidencia esté en manos de un gobernante capaz que carezca de una bancada voluminosa. Otros han deslizado que Pedro Castillo tendría que ser suspendido temporalmente, pero ello solo está estipulado en la carta magna para casos de enfermedad. Y, como su nombre bien lo dice, es solo por un tiempo determinado.

En cuanto a Boluarte, esta tiene unos anticuchazos de cuando recolectó dinero para pagar la reparación civil del dueño de Perú Libre, Vladimir Cerrón. Según el Ministerio Público, el monto que evitó que Cerrón regrese a prisión fue conseguido gracias a lo recogido por la organización criminal ‘Los Dinámicos del Centro’. La actual ministra de Desarrollo e Inclusión Social es mucho más viva que el rondero, sin duda. Postuló a la Vicepresidencia de la República sin renunciar a su puesto en el Reniec. Además, como ha revelado recientemente la doctora Mónica Yaya, jamás declaró que tenía un cuñado contratante con el Estado, quien luego hizo negocios con la Contraloría. A Dina no se le puede dar el beneficio de la duda.

Todo apunta a que la salida más viable a la crisis política que hoy padecemos es que la denuncia constitucional contra Pedro Castillo por traición a la patria siga su curso en el Parlamento, hasta que el sindicalista sea inhabilitado del cargo que hoy ocupa. Lo mismo debería pasar con Dina Boluarte, que también ha sido acusada por Yaya.

El remedio, de ninguna manera, puede ser peor que la enfermedad. Ya pasó antes con la asunción del lagarto Martín Vizcarra tras la renuncia de PPK. La destitución de Castillo, por tanto, tiene que ser estratégica y no una moneda lanzada al aire.    

 

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